viernes, 24 de abril de 2009

Dr. Ramón Carrillo, precursor de la Gerontología


En 1906 nace, en Santiago del Estero, Ramón Carrillo, tan solo diez años más tarde escribe Glosa a los servidores humildes, esto da cuenta de una sensibilidad y una mirada desde tan temprano que extiende a los mayores, que llama la atención e impulsa a conocer, a investigar, acerca del modelo de envejecimiento con el que se identificaba, que habla incluso del contexto de su tierra natal y de esa preocupación que ya de tan joven lo motiva a hacer una aclaración entre paréntesis que abogue por un amparo a la vejez.
De esta manera, en un ambiente en que los derechos de asistencia social y médica para un sector específico ni se nombraban, Carrillo puntualiza una demanda y se hace eco con un sentido profundamente humanista que sostendrá a lo largo de toda su vida.
Sienta además las bases de previsión social, por las que será reconocido.
En 1929 con su flamente título de doctor se especializará en neurocirugía, estudiante ejemplar de dieciocho horas diarias, recibe como premio la medalla de oro por ser el mejor promedio de su promoción.
Viaja a Europa, asiste a Congresos, es nombrado en el exterior por sus investigaciones, escribe, publica, hasta que lo encontramos en 1946 desempeñándose como titular de la Secretaría Pública de la Nación.
El Dr. Germán Rodríguez lo califica como el mejor sanitarista que ha dado la Argentina.
Pionero en reemplazar las historias clínicas por historias sociales, de una medicina que propone desde sus fundamentos ver al sujeto en situación, ensanchar la mirada, visualizar al hombre no sólo desde la biología sino desde una perspectiva biopsicosocial, afirmando de esta manera que un hombre es mucho más que su biología.
Esta comprensión del ser humano, del contexto del que emerge, del orden socio-histórico que lo determina, lo fragmenta, lo sujeta a la crisis y lo enferma, le permite elaborar un Plan Analítico de Salud, un plan integral que entre tantos caminos propone en 1947 la fabricación de penicilina en el país y sobre todo a muy bajo costo.
Esta misma carrera puesta al servicio del pueblo, hace que diseñe los centros materno infantiles que redundarán en un marcado descenso de la mortalidad infantil.
Sería imposible dejar constancia del legado de este gran hombre, un libro El Olvidado de Belem de Daniel Chiarenza, refleja su vida y su obra surcada por una pasión obsesiva por la salud de la gente.
Por último, hacemos mención porque se lo ha considerado un precursor de la Gerontología, con el agregado de poseer irrefutables conocimientos sobre envejecimiento celular.
Textualmente manifiesta Carrillo:
La lucha contra la vejez es una lucha contra las enfermedades sobrecargadas al mero hecho de vivir. En el fondo es una lucha contra el tiempo. Se trata de que las enfermedades no lleguen antes de la hora o, de ser posible, que no lleguen nunca y que la vida dure lo que la biología preceptúa que debe durar.
Para Carrillo la vida humana es más larga de lo que se cree, si está limitada es por la incidencia de factores intrínsecos y extrínsecos producto de la convulsión que implica para la vida humana el desarrollo de la civilización moderna.

2 comentarios:

daniel chiarenza dijo...

Eleonora, me enorgullece que Ud. haya utilizado como fuente a Carrillo en el tema de Gerontología, a través de mi libro El olvidado de Belém. Por lo que había estudiado Ramón uno debería llegar fácil a los 250 ó 260 años, por un sistema de división de células en los que intervienen los infusorios, el ema es apasionante, pero lo ciero es que el mismo Carrillo llegó a vivir apenas 50 años. Él no aplicó en él, por lo que tanto luchó para los demäs: prevención, medicina social y metafísica aplicada a la medicina en un macrocosmos que aún no llegamos a entender muy bien. Lo que siempre decimos de Einstein (un incomprendido en ciertas cosas hasta el día de Hoy), bien vale para Carrillo.
Daniel Chiarenza

Eleonora Carrazco Mujica dijo...

Estimado
Daniel Chiarenza

Leí su libro ininterrumpidamente, pensé que era fabuloso que alguien le realizará un homenaje a este gran hombre, y qué oportuno además era su título.
Demás está decirle que le agradezco su comentario.
Eleonora.