sábado, 15 de noviembre de 2008

Conservar las pasiones alegres


Para que la vejez no sea una parodia ridícula de nuestra existencia anterior no hay más que una solución, y es seguir persiguiendo fines que den sentido a nuestra vida: dedicación a individuos, colectividades, causas, trabajo social o político, intelectual, creador. Contrariamente a lo que aconsejan los moralistas, lo deseable es conservar a una edad avanzada pasiones lo bastante fuertes como para que nos eviten volvernos sobre nosotros mismos. La vida conserva valor mientras se acuerda valor a la de los otros a través del amor, la amistad, la indignación, la compasión. Entonces, sigue habiendo razones de obrar o de hablar. Muchas veces se aconseja a las gentes que -se preparen- para la vejez. Pero sí sólo se trata de economizar dinero, elegir el lugar donde se va a vivir después de la jubilación, prepararse hobbies, llegado el momento no se habrá adelantado nada. Vale más no pensar demasiado en ella pero vivir una vida de hombre lo bastante comprometida, lo bastante justificada como para seguir apegado incluso cuando se han perdido todas las ilusiones y se ha enfriado el ardor vital.

En este párrafo Simone de Beauvoir se refiere a esta potencia que está en todo humano, así como más adelante menciona también como esto es sólo concedido a un puñado de privilegiados esto nos lleva a preguntarnos cuánta fuerza yoica se debe tener en esta etapa para seguir conservando estas pasiones alegres que nos siguen ligando al futuro, cuánta fuerza entonces para contrarrestar lo que naturaliza a la vejez como enfermedad, improductividad, desgano.
De ser así, cuestionar el discurso que ese entramado social genera.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Vejez. Divino Tesoro- I Parte

Los llaman los panteras grises y, si creemos a los demógrafos, el futuro europeo es suyo. Dentro de 25 años en Europa será aún más evidente la presencia de los ancianos en calles, plazas y museos, pues se calcula que unos 85 millones de personas habrán cumplido 65 años o más. Ante esas previsiones los más emprendedores de los empresarios ya han comenzado a invertir en vejez: la vejez cotiza al alza en la bolsa de futuros.
Muy pronto la geriatría se convertirá en una especialidad de gran prestigio. Las universidades organizarán masters y cursos de postgrado para crear los más variados equipos de especialistas en esta singular etapa de la vida, identificada ahora como una enfermedad degenerativa.
Seguros de vejez, planes de pensiones, especialistas en el ocio para la tercera edad, deportes que no requieren grandes emociones -como el golf-, alimentación sana baja en grasas y casi sin sal, aparatos para medir la propia tensión arterial o los índices de colesterol en la sangre, residencias confortables, incineraciones asépticas, por no hablar de las investigaciones genéticas para desvelar el misterio de la longevidad, conocerán sin duda en este nuevo siglo que comienza un éxito sin precedentes.
Hola nos encontramos acá, esta vez en este espacio, para leernos y escucharnos, con una de nuestras tantas voces, seguramente estos temas hilaran con otros, más lejanos, más cercanos, pero sin dejar los que más nos inquietan: la vida, el amor, la creación, la soledad, la muerte.
Tal vez, estoy proponiendo que mediante un mecanismo tan sencillo como el de la palabra nos reencontremos para exorcisar fantasmas, decapitarlos si es preciso, alejar todo aquello que como representación circula y hace política en el cuerpo, dejándolo ausente de deseo.
Porque estoy pensando al paso de los años.... qué nos pasa?
Propongo prepararnos para otro extenso viaje, de caminos difusos, entrecortados, temidos, con la estrategia de otras magias, distintas, diferentes, que anclen con otras y nuevas pasiones, como eslabón de antiguos ecos, pero también naciendo de entre la resquebrajadura del tiempo.
Quizás podamos empezar a alertar, a hacer dudar de todos los discursos, biológicos, psicológicos, sociales, y comenzar a decir que todo aquello que está vivo, mientras está vivo, demanda.
Y que lo tan racional y experimentado es el misterio.
Lo cierto es que la pregunta del paso del tiempo nos arrincona frente al espejo, cuando olvidamos una respuesta, un nombre, que quizas devenga de un sabor amargo, o cuando medimos esa vertiginosidad como chicos asustados que no comprenden las cuentas.
También para los jóvenes es un impensable, esto de pensarse entrado en años, viejo, como para los que estamos transitando las medianías: un lugar temido por lo ignorado y fantaseado.
Lo cierto es que pareciera que la vejez tiene otra mirada que nos enseña a repensarnos, y esa escrudiñación del viaje nos tienta a afirmar que tal vez sea tan deseante como éste, sí, con muchas más fotos, más recuerdos, con tanta sangre viva como la de este estar aquí conmovido, sólo que seguramente más instalados en las sienes del tiempo como si fuese un tránsito más racional, más experimentado, pero no por eso despojado de pasión.
Cada uno lleva en sí un modelo de envejecimiento, lleva a sus viejos queridos, piensa, recrea, resignifica esas formas que tallaron también las formas de la vida, y nos dejaron en nuestra piel, esas identificaciones en el amar, en el luchar, y en el crearle sentido a la vida.
La cuestión podría ser cuestionar algunos modelos vigentes, su razón de ser, su para qué, que posicionan a los viejos en ese lugar tan temido, tan poco deseado.