sábado, 14 de abril de 2012

El Riesgo de Vivir y el Fondo Monetario



Pierre Bourdieu señalaba que “ la esencia del neoliberalismo es un programa de destrucción de las estructuras colectivas cuando éstas pueden convertirse en un obstáculo para el avance de la lógica del mercado puro”.
Que vivir puede sentirse como una turbulencia, como un caos que requiere de cierta estabilidad mental, física, social, hace mucho tiempo que lo sabemos, sobre todo cuando de vivir se trata y no de durar, pero lo que resulta llamativo es  el afán de determinados organismos internacionales en la puntuación que hacen de esta secuencia de hechos y acontecimientos llamada vida.
Cierta palabra que aparece como del orden de una sentencia "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado es un tema que exige más atención y que ha sido subestimado". Debido a esto el FMI llama a elevar la edad de la jubilación, más otra serie de medidas “humanitarias” para contrarrestar los costos que sobrevendrían producto del envejecimiento mundial.Nos preguntamos ¿cuáles costos? Si bien la esperanza de vida se ha incrementado, por lo que hay cada vez más adultas y adultos mayores que viven de su jubilación, sería oportuno remarcar que, en la mayoría de los casos, es miserable. Pero, en síntesis: Las recetas del Fondo nunca varían en los ingredientes: siempre menos vida.
La estabilidad financiera global nos enteramos que está en riesgo… y una de las causas principales pareciera que es esta costumbre de la gente de seguir viviendo. “Si el promedio de vida aumentara para 2050 tres años más de lo previsto hoy, los costos de envejecimiento crecerían un 50% en las economías desarrolladas, advierte el documento, que analiza los riesgos financieros relacionados con el aumento de la esperanza de vida global. Ese aumento se reduce al 25% en las economías emergentes”.
 Demás está expresar que estas cifras ocultan que la esperanza de vida varía en distinta forma en función de las desigualdades sociales, de la estratificación social, y también por la calidad de vida.
Sin embargo, advierten que estas medidas deberán tomarse con excesiva urgencia, porque está en riesgo la estabilidad financiera -debido a esta voluntad exacerbada de vivir más de lo debido-. Y esto habría que achacárselo también a la ciencia, o, ¿acaso podemos negar de que hay un orden social previo capaz de determinar la vida?. Pero la cuestión aquí es simplificar lo complejo: hablamos de un sector de adultos mayores, a los que no les será indoloro este pasaje, o mejor dicho esta continuidad, esta prolongación no querida o deseada, como otras tantas cosas.

 A no tener entonces, angustia existencial, están los que siempre quieren pensar por todos, quizás la medida apunta a que los adultos mayores no sientan desvalimiento alguno, ni se angustien por pormenores de índole cualquiera, para qué el tiempo libre, el ocio, la planificación o no de los años venideros, otra lógica impera, a trabajar entonces… además parece que ya todos los jóvenes tienen capacidad plena, y condiciones dignas de trabajo, de ahí la importancia de llamar a los viejos.
Casi como si se impartiera  cierta instrucción paradójica porque la cuestión se trata de prolongar la vida laboral de los viejos hasta la muerte o tal vez, de última, morirse a tiempo.
Aunque siempre sea una codicia de proporciones inimaginables hablar de la vida, de la muerte en términos estadísticos, casi  una osadía de la razón, que estos señores del fondo, han olvidado.

domingo, 11 de diciembre de 2011


Envejecer
Envejecer es natural, como nacer, crecer, reproducirse y morir. No hay nada raro en ello. Se trata de una serie de eventos inexorables, predecibles, comunes, que desde el punto de vista bioquímico podrían resumirse simplemente en la pérdida progresiva del agua; claro, al fin y al cabo, en un recién nacido más del ochenta por ciento de su peso es agua, mientras en un adulto la proporción baja al sesenta por ciento. Trasformaciones que se traducen en cambios evidentes: las canas, la calvicie y las arrugas, el efecto de gravedad sobre las proporciones corporales, aparece la presbicia, de modo que hay que alejar los escritos para poder leerlos, el oído ya no tiene el rendimiento de otras épocas, hasta los dientes cambian y las encías se retraen, el insomnio se vuelve habitual, la capacidad física y la resistencia al licor y el trasnocho disminuyen, se hace frecuente que los alimentos den gas e indigestión.

Pero también hay otras modificaciones que no son obvias. Indicando que el ser humano no está diseñado para vivir tanto, en las articulaciones aparece la artrosis, en los huesos la osteoporosis, mientras en el sistema cardiovascular, la arteriosclerosis, y aumenta la frecuencia de la hipertensión arterial, hasta el punto de considerarla otro cambio degenerativo, puesto que después de los setenta al menos tres de cada cuatro personas usan antihipertensivos. Además cambia el sistema inmunológico, se ha vivido lo suficiente como para que gran variedad de cánceres tengan la oportunidad de manifestarse, la próstata crece interfiriendo el dulce placer de orinar y aparecen las enfermedades metabólicas, como la gota y la diabetes, el colesterol se eleva. Así que el envejecimiento supone tratamientos variados, cirugías, partos y la menopausia, otras huellas que deja la vida en el cuerpo. ¡En fin, ya nada es como antes, nada, absolutamente nada es lo que solía ser!

La expectativa de vida en promedio estaba alrededor de treinta años antes del descubrimiento de la penicilina, en 1941, así como de las vacunas, de la construcción de acueductos y alcantarillados modernos, y de otras medidas de salud pública que ayudaron a disminuir la incidencia de infecciones, para tomar un solo caso. Y con el progreso de las diversas áreas de la prevención, el promedio de la expectativa de vida llegó alrededor de los ochenta, hasta el punto que ya no es raro saber de personas que superan los cien.

En 1956 apareció el libro de Hans Seyle. Un volumen con vocación de autosuperación, a donde, si mi memoria no falla, él introdujo al lenguaje común la palabra ‘estrés’. Se trataba un vienés que en 1945 inmigró al Canadá, luego de estudiar en París y Roma, y de haber sido médico en el ejército aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Desarrolló la idea de que la vida era adaptarse a las circunstancias cambiantes del ambiente, a través de la acción de hormonas y el sistema nervioso central, de manera que el quid del asunto estaba en la flexibilidad para lograrlo, mientras la enfermedad y la muerte se presentaban cuando el sistema se agotaba, al hacerse rígido, indiferente a los cambios del entorno. Su planteamiento era un símil maquinal proveniente de la metalurgia, donde los metales tienen límite por fatiga del material, como el fuselaje de un avión, por ejemplo.

Sin embargo, por esa misma época Watson y Crick descubrieron la doble hélice del ADN y durante la segunda mitad del siglo XX se conocieron detalles sobre el funcionamiento de los genes. Si bien las circunstancias de cada uno intervienen en cómo se expresan, en este caso en cómo se envejece, verbigracia, lo más saludable es una dieta mediterránea, variada, aun cuando moderada: rica en fibra, con pescados, pollo, carnes de todo tipo, incluso de res, un poco de vino y de vez en cuando algo de ejercicio, media hora cada día, por supuesto sin fumar. De modo que los genes son una potencialidad tanto en la salud como en la enfermedad. Pero su posibilidades de expresarse son limitadas. Están dotados de mecanismos de regulación que los lleva a corregir errores de transcripción, y controlan el número de veces que se transcriben. En el hombre, como en cualquier otro mamífero, la reproducción de las células tiene límite, tiene final. Solo las células del cáncer son inmortales. Así que la senilidad de las células cumple una función biológica: beneficia a la vida manteniendo el orden, el funcionamiento y el equilibrio de los tejidos, entonces la muerte celular es el precio que se paga por la complejidad del cuerpo. Los genes no son rígidos ni perennes, cambiaron la vida eterna por una estructura flexible que perdura pasando a la siguiente generación. Desde el punto de vista biológico, lo primordial es la supervivencia de la especie, no la del individuo.

Así que, con los años, es común encontrarse a los viejos amigos de la familia que al saludarlo le digan, como si fuera buena noticia, como si le estuvieran echando una flor, que cada día se parece más a su papá, o a su mamá, según sea el caso. Además se empieza a tener noticias sobre la enfermedad y la muerte de conocidos, amigos y parientes.Tal vez lo más exigente del envejecimiento sea hacer consciencia de ello, la percepción de los cambios corporales; el sufrimiento, la angustia y la necesidad de superar los duelos que implica la pérdida de la juventud, al igual que los ajustes en la vida familiar y el desempeño laboral. 

No solo se trata de envejecer y morir en las mejores condiciones físicas. En la ancianidad el suicidio es común, la depresión y la desesperanza es frecuente. Claro que también se acompaña de olvidos, y hasta de demencia senil en algunos casos, tal vez otro mecanismo de defensa, otra medida para sobrellevar la senectud, el premio por una vida ordenada y llena de cuidados. De manera que la pérdida de la memoria también podría ser protectora.

En todo caso, la salud mental es crítica para enfrentar los desafíos de esta etapa, por ello la ancianidad también puede ir de la mano con la sabiduría y la habilidad de disfrutar de las cosas elementales, mientras duren.

Texto publicado en su blog por Santiago Barrios.

jueves, 7 de julio de 2011

Maltrato a los adultos mayores


domingo, 17 de abril de 2011

Los ancianos, susceptibles al abuso y el maltrato



Un estudio realizado por la Cátedra de la Medicina Geriátrica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina, liderado por el especialista y profesor Alcides Arrabal Amato determinó que el 89% de los ancianos sufre algún tipo de maltrato

Los resultados fueron presentados en una conferencia sobre prevención de abusos a los adultos mayores en el marco del Sexto Congreso Latinoamericano y del Caribe organizado por la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría, en el año de su 60° Aniversario.



La investigación, pensada en un comienzo para 10 ancianos llegó a evaluar a 100 para lograr una muestra más expansiva. Entre sus conclusiones centrales están que los principales “victimarios” en el marco familiar son los hijos y que el 87% de este tipo de abusos no se denuncia.



Según especificó Arrabal Amato, “la situación de los viejos se asemeja a la de los niños maltratados”, ya que “se deben buscar los indicios de violencia, porque la víctima no siempre los manifiesta verbalmente”.



En el trabajo realizado por su equipo, el 89% de estos abusos pudo comprobarse mediante evidencias, mientras que el 11% no, ya que los maltratos se trataban de amenazas o insultos.



Si bien los médicos pueden realizar denuncias ante estas situaciones, sólo un 13% de los casos fueron notificados, según se expresó en la muestra.



Por otra parte, dentro de la familia los principales victimarios son los hijos (70%), mientras que el otro 30% se reparte entre otros miembros. Arrabal Amato indicó que “los concubinos son los menos maltratadores, con una representación de sólo un 2%, por lo que convivir con otro adulto mayor resulta sumamente beneficioso para este grupo”.



Según reveló el sondeo, el principal factor de riesgo para sufrir abusos en la tercera edad es ser mujer, viuda y vivir con la familia. La tendencia ocurre “porque la esperanza de vida es más alta en el género femenino y porque la mujer de por sí es más maltratada que el hombre”, sostuvo a DocSalud.com el Dr. Guillermo Che Kenny, geriatra, forense y presidente de AGENOR (Asociación de Geriatría de Zona Norte), quien también participó de la conferencia..



Incluso, según cifras presentadas en la disertación, las adultas de 60 a 74 años representan el 4% del total de las mujeres agredidas, mientras que las mayores de 74 años, un 2%.



Maltratos: ¿cuáles son y cómo prevenirlos?



Che Kenny, quien también integra el Proyecto Millenium de las Naciones Unidas, indicó que los maltratos más típicos son los de tipo psicológico, relacionados con la discriminación y con “quitarle a los ancianos su lugar en la vida”. Esta clase de faltas pueden causar autoviolencia (hasta llegar al suicidio del adulto mayor) además de depresión, que baja las defensas y vuelve a las víctimas vulnerables ante otras patologías



También están los maltratos físicos, económicos, el abandono de persona, la negligencia y hasta incluso, abusos sexuales y sociales. A su vez, las personas en la tercera edad son susceptibles a sufrir delitos como “estafas y disputas por una herencia”, ambas capaces de dejarlos en la calle.



Si bien el artículo 266 del Código Civil brega por el respeto a los ancianos y dentro del Código Penal se estipulan penas de cárcel frente al abandono de persona (artículo 106) y las internaciones compulsivas (artículo 141), las faltas más preocupantes según Che Kenny son los que él mismo denomina “delitos no tipificados”, que se “producen todos los días y no existe ninguna ley que les imponga un castigo”.



Entre estos delitos,están la irracionalidad, la falta de compasión, el abuso de poder, la maldad y la corrupción, “que ocasionan daño y que son difíciles de prevenir”, afirmó.



Si un anciano sufre maltratos por parte de la familia o de un cuidador, los médicos interactúan con la policía, quienes toman la denuncia y después determinan que la víctima sea revisada por un médico forense. Luego intervienen equipos de criminalística, sociología y psicología.



Sin embargo, según expresa Che Kenny, “lo grave es que la mejor solución que podemos dar desde la ley es trasladar a un anciano de su hogar o institución geriátrica, o sacar a un cuidador de su cargo”. Pero esta solución, según indica el experto “es momentánea, parcial”.



Para explicar su punto de vista, el médico geriatra comparó la situación con la de un ladrón: “si se lo mete preso, evitamos que siga robando, pero no que deje de ser un delincuente; sólo resolveremos el problema cuando el ladrón entienda que no debe robar”.



Por lo que el presidente de AGENOR propone otra solución: inculcar a los chicos de escuelas primarias el amor hacia los ancianos. “Desde la asociación estamos gestionando charlas con los colegios ya que la niñez es la etapa donde las personas se forman”, indicó.



El enfoque, según especificó el médico, debe ser “de abajo hacia arriba”, para que los hombres del futuro respeten a sus padres cuando lleguen a viejos. “Es vital volver a educar a nuestros chicos y enseñarles que la vida no es dinero ni lujo; inculcarles que un padre o una madre vale más que un auto de carreras y que necesitan cuidados y atención”, concluyó.

Se agradece a RadioCataratas.com

viernes, 3 de diciembre de 2010

El otro lado del espejo


Cuando volcamos la mirada hacia el tránsito misterioso de la vejez (Yo soy la morada de mi futura vejez, Buda), no deja de inquietarnos que esta etapa de la vida adquiera una especie de protagonismo invertido: por exclusión.
No deja de parecer extraño, ya que en toda etapa de la vida el sujeto busca asilo, pero el asilo que en los años jóvenes eran los vínculos -armoniosos, confusos o locos- ha devenido en esta hora, en asistencia o abandono, en necesidad básica a satisfacer, una especie de bebé viejo que en todo tiempo y lugar demanda y obtiene las palmadas en la espalda de la ciencia.
Quizás esté ligado a que cada vez más tenemos una mentalidad global, la misma nos hace reconocernos por edades, aficiones, ideologías, olores y pasiones.
Me pregunto si esta falta de "cosmohumanidad" que da por sentado personas con porvenir y personas con porirse no nos sume en esta desconsideración maníaca del otro.
Desconsideración que, por otra parte, se viene gestando de acuerdo a la clase a la que se pertenezca desde las más tiernas infancias, y en otros casos se hace evidente en etapas anteriores a la denominada vejez, cuando en la mediana edad las personas no encuentran ocupación precisa ni lugar ni espacio, una secuencial suspensión en el tiempo.
Suspensión que prepara para una nueva categoría que será determinante en la etapa posterior, la de pre-viejos.
El espejo, "la selva de los espejos" como precisó el poeta, nos va augurando, como un oráculo negado, el destino, el avatar subjetivo, como si las marcas en la primera frontera fueran anunciación de la pérdida de futuros goces.
Avizorar esta sensación, percepción de sentirse borrado, desplazado -no queda plazo- por el peso de una carnalidad en exceso, remite a un trabajo de elaboración que no puede ser únicamente solitario.
La ciencia ha logrado extender la vida, ha rezado a la maravilla para que extendiera sus dones, rogándole por más tiempo, ha producido nuevas semillas y las seguirá produciendo. Esto será materia opinable o no.
La cuestión es cuando el sujeto empieza a vivenciar al tiempo como derrota, como gran desprotector, y a las consabidas angustias existenciales -producidas por las disquisiciones e inquisiciones de un Ser que lo que anhela es seguir siendo- como respuesta encuentra un desfiladero de otras voces del mismo tenor, rumiantes y solitarias.
Asilos de unificaciones reales en la mente de la gente, pero a la larga solitarios, aferramiento al caos engendrador de vida en un mar de incertezas.
Si bien es cierto que todo lo leído fuera de contexto será interpretación extravagante, las generaciones futuras tal vez se pregunten por esta raza de hombres que crearon una forma de perdurar en el tiempo, y se preguntaran extrañados acerca de todo lo creado.
Conceptos, nuevas ciencias, instituciones, declaraciones mundiales de derechos por la ancianidad, derechos del moribundo, reglamentaciones diversas.
Ante tal incremento humanitario puede que expresen que los viejos fueron testigos presenciales de un gran cambio, de algo a todas luces improbable, impensado.
Una verdadera revolución vital junto con la carencia de elaboraciones acerca de esta "post-crisis".
Puede que también estas interpelaciones produzcan nuevas aperturas, que saquen alguna conclusión acerca de la importancia del durar y del vivir, de la cantidad y la calidad de vida, y de la importancia de producir un anclaje genuino de los adultos mayores en el colectivo social.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Abuelos separados de sus nietos por Pro-Justicia

De El Rincón virtual Psi-violencia.
Muchos abuelos tienen que acudir a la justicia para poder ver a sus nietos.
Uno imagina que la ex nuera no se los deja ver, pero muchas veces son los hijos los que lo impiden. Durísimo litigar contra un hijo para poder ver a un nieto y muy injusto que se prive a un menor del vínculo con sus abuelos x problemas de los adultos. Hay excep...ciones, como algún caso que leí hace poco de un abuelo que violaba a la nieta mientras pasaba las vacaciones con él en MDQ.

Es muy numeroso el colectivo de abuelos que se ven impedidos de tener una relación normal con sus nietos tras una separación/divorcio pues el progenitor custodio no sólo impide la normal relación de los hijos con el progenitor no custodio sino que hace extensiva esta aberración a sus exsuegros y a toda la familia política. Esta situación también se da tras el fallecimiento del padre o la madre. Tanto en el caso del divorcio, dado que la casi totalidad de las custodias se dan a las madres, como en el caso de fallecimiento, dado que la esperanza de vida de las mujeres es bastante mayor, en la mayoría de las ocasiones son los abuelos paternos quienes sufren estas canalladas. Poco importa que durante años hayan sido utilizados como niñeras de confianza llegando a caer en lo que se ha denominado abuelos esclavos.

Una enorme proporción de ellos incluso muere sin volver a ver a sus nietos. Muchos de ellos no llegan siquiera a conocerlos.

Si bien el Código Civil protegía, en teoría, la relación abuelos-nietos, en el año 2003 se aprobó la llamada Ley de los abuelos para garantizar aún más la relación abuelos/nietos y en concreto un régimen de visitas de los abuelos con los nietos. Este régimen de visitas de los abuelos es independiente del que tiene asignado el progenitor no custodio, algo que la mayoría de abogados ignoran o asesoran erróneamente a sus clientes dándoles a entender que no pueden solicitarlo ya que tienen que aprovechar el régimen de visitas que tiene su hijo.

Como todas las leyes que acaban con privilegios y prebendas, los distintos grupos que se oponen a los cambios legislativos que acaban con su bicoca, expusieron los más peregrinos argumentos para impedir su aprobación. Afortunadamente el impulso del PP y del entonces ministro de Justicia, Michavila, llevaron a aprobar la Ley.

Desgraciadamente, y como era de esperar, de poco ha servido la normativa toda vez que la práctica judicial deja al progenitor custodio la capacidad fáctica de veto, vía incumplimiento de régimen de visitas, sin tener la correspondiente sanción penal pues son raras las ocasiones en que estas conductas son castigadas a pesar de estar tipificadas en el Código Penal.

Esta ilegal conculcación de derechos de los abuelos contrasta con los casos, más que numerosos en que el juez de turno impone unas responsabilidades a los abuelos sobre sus nietos que ni la Ley ni el sentido común contemplan.

Es bastante frecuente el caso de la pareja que se ha quedado embarazada y que al no tener medios para independizarse es acogida por los padres en su propia casa. Normalmente no suelen esperar mucho y tras el parto, comienza el divorcio y el juez de turno expulsa de su propia casa a los abuelos para, con la excusa de favorecer al menor, otorgar el uso y disfrute de la vivienda al progenitor custodio independientemente de quien sea el propetario de la vivienda.

También es harto frecuente el caso de los abuelos a los que sin darles derecho alguno sobre los nietos (visitas, educación, sanidad, etc.) se les obliga a hacerse cargo del mantenimiento de los nietos.

En ambos casos se elude la aplicación de la ley y del sentido común y no se contempla el dar la custodia al progenitor que sí puede hacerse cargo del menor. O incluso a los propios abuelos.

Y ello a pesar de que en la casi totalidad de los casos los abuelos por parte del progenitor custodio acaben siendo quienes se ocupan de los niños dando incluso lugar a lo que se ha dado en llamar la abuela esclava pues el progenitor custodio, bien por que carece del don de la ubicuidad bien porque es irresponsable y negligente, no atiende a sus propios hijos.

No haría falta comentar que todos estos problemas se solventarían de manera sencilla con la aplicación de la Custodia Compartida por defecto tras las separaciones conyugales.

Agradecemos por la difusión de este artículo a la Dra. Mirta Nuñez, www.mirta-nunez.com.ar

sábado, 23 de octubre de 2010

José Saramago.

Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!.
Tengo la edad que quiero y siento.
...La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la
convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!.
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo
que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer
lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos
y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero
con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos,
y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa
de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues
mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por
el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!.
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!.
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
Pensar en mí!!!!!
José Saramago
Premio Nobel Literatura 1998
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