viernes, 10 de julio de 2009

Eduardo Galeano


En los últimos años, la Abuela se llevaba muy mal con su cuerpo. Su cuerpo, cuerpo de arañita cansada, se negaba a seguirla.
Menos mal que la mente viaja sin boleto - decía.
Yo estaba lejos, en el exilio.
En Montevideo, la Abuela sintió que había llegado la hora de morir. Antes de morir, quiso visitar mi casa. Con cuerpo y todo.
Llegó en avión, acompañada por mi tía Emma. Viajó entre nubes, entre olas, convencida de que iba en barco; y cuando el avión atravesó una tormenta, creyó que andaba en carruaje, a los tumbos, sobre el empedrado.
Estuvo un mes en casa. Comía papillas de bebé y robaba caramelos. En plena noche se despertaba y quería jugar al ajedrez o se peleaba con mi abuelo muerto hacía cuarenta años. A veces intentaba alguna fuga hacia la playa, pero se le enredaban las piernas antes de
llegar a la escalera.
Al final, dijo:
- Ahora, ya me puedo morir.
Me dijo que no iba a morirse en España. Quería evitarme los líos burocráticos, el traslado del cuerpo y todo eso: dijo que ella bien sabía que yo odiaba los trámites.
Y se volvió a Montevideo.
Visitó a toda la familia, casa por casa, pariente por pariente, para que todos vieran que había regresado de lo más bien y que el viaje no tenía la culpa. Entonces, a la semana de llegar, se acostó y se murió. Los hijos echaron sus cenizas bajo el árbol que ella había elegido.

A veces, la Abuela viene a verme en sueños. Yo camino al borde de un río y ella es un pez que me acompaña deslizándose, suave, suave, por las aguas.

Eduardo Galeano - El libro de los abrazos

miércoles, 27 de mayo de 2009

Derecho a la protección integral

Todas las personas de la Tercera Edad tienen derecho a la protección integral por parte de su familia.


Adultos mayores sin cobertura previsional en Argentina: de la negación de su visibilidad a la posibilidad de su construcción como problema social. Una mirada desde el Trabajo Social.
Este artículo trata una situación de invisibilidad, por la negativa, por aquello que no ha llegado a constituirse como problema para la sociedad. Esto plantea en un primer momento la necesidad de analizar qué es lo que hace que una cuestión y no otra se constituya como problema para la sociedad. Y en un segundo momento la cuestión concreta de los adultos mayores sin cobertura previsional como población invisible o invisibilizado desde las tomas de posición que desde el Estado se concretan en diferentes políticas.

La producción bibliográfica acerca de la cuestión de los adultos mayores sin cobertura previsional son escasas ya que se ha constituido una formación discursiva hegemónica que iguala tercera edad a jubilados. Siendo muy extensa la literatura sobre la tercera edad que ha estudiado los problemas socio- sanitarios, los programas destinados a su atención ésta se han detenido en los jubilados y pensionados. Son numerosos los estudios sobre el sistema de seguridad social. Pero son muy escasos los trabajos sobre la población de adultos mayores excluída del sistema de seguridad social. Si es importante remarcar algunos trabajos que claramente distinguieron el sistema de seguridad social de la cobertura que este presenta. El interés que presentan estos trabajos es la consideración de la población excluída del sistema previsional.

En esta formación discursiva hegemónica se ha anudado el significante tercera edad al significado jubilados. Por lo cual las personas de la tercera edad que no han accedido a la jubilación se han transformado en un “otro”, invisible. Invisible para los beneficios que desde las políticas públicas se generan. Invisible en el discurso de los actores en los que se ha encarnado esta formación discursiva hegemónica.

Desde el punto de vista metodológico, este artículo se vale del análisis político de las formaciones discursivas hegemónicas, cuyo objeto es la articulación entre discurso y hegemonía en la producción de condiciones/problemas sociales y la constitución de sujetos. Resulta necesario atender a los significativos aportes de Ernesto Laclau acerca del análisis político del discurso. Lo que Ernesto Lauclau y Chantal Mouffe denominan “formación social”, en cuanto referente empírico, va transformándose y constituyéndose, por la mediación del discurso y de un mundo de significaciones, en una “formación hegemónica”, un orden total que articula diferencias propias del referente empírico y que va produciendo estatutos (que van conformando un orden de discurso hegemónico). La consecuencia directa de una formación hegemónica, es el establecimiento de verdaderas fronteras que a la vez le permiten significarse a sí misma, al constituir cadenas de equivalencias que construye aquello que está más allá de sus propios límites como algo que esa formación hegemónica no es. De modo que si bien existen diferencias en la formación social, en tanto referencia empírica, esas diferencias no están designadas sino como algo que está más allá de los límites de la formación hegemónica. Esto quiere decir que donde hay límites (considerando una formación social) la formación hegemónica establece fronteras. Para Laclau, las fronteras de las formaciones hegemónicas se producen en la medida en que se establecen cadenas de significados, donde la posibilidad (determinados significados posibles) deviene necesidad (esos significados se hacen necesarios, excluyendo otros). Esos significados están articulados entre sí en la formación hegemónica. El término “articulación” no alude a un acoplamiento (a la manera de los vagones de un tren) sino que alude a la interinfluencia y la intermodificación entre determinados elementos. Sostienen Laclau y Mouffe que la articulación establece una relación tal entre elementos, que la identidad de estos resulta modificada como resultado de ella; y que el discurso, precisamente, es la totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria.

Lo que queda fuera del orden de discurso hegemónico, es decir (en términos de Laclau) los elementos diferentes que no se articulan discursivamente, pero que constituyen una referencia empírica, muchas veces es producido como objeto de “pánico moral”. El pánico moral es uno de los efectos más inmediatos de la totalización discursiva hegemónica, que hace que el soslayo del “otro” sea a la vez productivo: es la producción de un imaginario de amenaza, y por tanto de rechazo, de una condición sociocultural, de acontecimientos o episodios, de grupos o personas, frente a los cuales la ideología pretende sensibilizar moralmente a toda la sociedad . Pero otros tantos elementos terminan siendo no pensados, no dichos, como si no existieran. De modo que las cadenas de equivalencias en la producción de una determinada formación hegemónica, terminan por sobrepasar e incluso perder la referencia empírica, contribuyendo a la producción de condiciones y de problemas sociales determinados.

Un novedoso aporte sobre esta problemática lo realiza Slavoj Zizek, de la escuela lacaniana eslovena, cuya reflexión es esencialmente filosófica y política. De esta manera, aparece en Zizek un nuevo elemento a tener en cuenta en el análisis político de las formaciones discursivas hegemónicas: la articulación entre interpelaciones y reconocimientos. De modo que el discurso hegemónico va produciéndose al interpelar a los sujetos (constituyendo sus intereses, sus problemas), y los sujetos se “reconocen” como tales en esa interpelación (aunque este sea un reconocimiento falso).

Entonces desde el punto de vista metodológico a partir de considerar un análisis político del discurso, se analiza como la construcción de un problema social va conformando un andamiaje discursivo. En este artículo se intenta plantear como diversos factores han incidido en , la no constitución de los adultos mayores sin cobertura previsional como problema social y por lo tanto como sujeto de las políticas públicas. Siguiendo a Landi según quien “un tema se convierte en problema cuando se transforma en pregunta para la sociedad” Esta pregunta se podría expresar en ¿Qué es lo que ha hecho que las condiciones materiales de vida de los adultos mayores sin cobertura previsional en la Argentina no se hayan constituido como problema?
Por Marcelo Ponce Nuñez, Encuentro Popular

viernes, 22 de mayo de 2009

La abuela blogera

Nada como la desolación para pintar el efecto del corte de una conexión. Lo que se corta es un hilo vital. […] La verdadera crisis es la desconexión, escribí hace poco, en otro lado.  

En una red los enlaces devienen dedos de manos infinitas que te dejan saber que ahí está el otro. Los otros. Sin embargo no te dicen qué hacer con eso. Ese dato no está en la red. Está en cada uno. La Red no tiene sentido si tú no lo tienes. Como en la parábola de la piedra de sopa, cada quien porta lo propio: lo que sabe, lo que es y lo que hace. La Red lo aloja y permite que esté disponible para todos.

María Amelia se fue. Se desconectó definitivamente de la vida el 20 de mayo pasado a los 97 años. Esta viejecita que decía de si misma: no tiene mérito ninguno, mostró al mundo que la vida, en última instancia, es lo que hacemos contra muerte. Y eso es lo que nos trasciende, porque -ya lo decía el Mago Merlín- la única muerte es el olvido.
23/12/2006 - Amigos de Internet, hoy cumplo 95 años. Me llamo María Amelia y nací en Muxía (A Coruña) el 23 de Diciembre de 1911. Hoy es mi cumpleaños y mi nieto como es muy cutre me regalo un blog. Espero poder escribir mucho y contaros las vivencias de una señora de mi edad.
Y no solamente escribió mucho. Encontró adentro suyo la pasión para hacerlo, para disputarle al cansancio y a la tristeza los últimos tramos del camino. Casi 1.600.000 visitas hablan de eso.
... y mi vida cambió... ahora me puedo comunicar con todo el mundo. 
Desde ese día he tenido visitas de blogueros de los 5 continentes que me alegran la vejez.

En todos los cinco continentes salió que yo era una bloguera internacional. Hasta de Rusia. Yo me quede pasmada, que desde Rusia vinieran a verme, a una viejecita que no tiene mérito ninguno.
La abuela blogera se ganó el Premio BOBs 2007 al mejor blog escrito en español :
María Amelia arrasa. Pendiente de las últimas votaciones del público, que otorgan su propio galardón, el jurado de los BOBs ha elegido su bitácora, A mis 95, como el mejor blog en español. Ha vencido a clásicos de la red como Mangas Verdes, Microsiervos o Manifestódromo. María Amelia, a todo esto, tiene 95 años y es una de las blogueras más ancianas del planeta.
"Conocíamos blogs de otros países cuyos autores se juegan la vida para escribir en ellos, bitácoras de temática periodística, otras especializadas en tecnología, pero cuando nos llegó su referencia, nos dimos cuenta de que era algo distinto: una brisa de aire fresco en el mundo de los blogs", explica José Luis Orihuela a ADN.es desde la ceremonia organizada para hacer públicos los galardones.
Como miembro del jurado, Orihuela explica que A mis 95 se ha merecido el premio por la originalidad en el planteamiento del blog, así como por su "mensaje de esperanza para la tercera edad, que en muchas ocasiones ve la tecnología con temor y adversión".
Ayer, finalmente, alguien ha debido escribir el post más difícil.
Su familia, nuestra familia, os queremos agradecer a todos vosotros estos 880 días de blog que la hicieron muy feliz, estas muestras de cariño y este apoyo fundamental para que disfrutase como nunca de sus últimos años.

[...] Este blog se acaba aquí pero continuará en otro formato allá donde ella esté. Será un formato diferente, que aún no podemos leer. Pero tened claro que todos, tarde o temprano, lo acabaremos leyendo.

Disfrutad de la vida y de los abuelos
La Vida, la Red, esa que se se apaga y se enciende miles de veces por segundo en diferentes lugares del planeta, sigue haciendo su trabajo.


Daniel I. Krichman: El Tilo de Olivos

martes, 12 de mayo de 2009

Somos Uterumbas. Alfredo Moffatt


Para muchas personas negar la edad es una tontería, este es el caso de Alfredo Moffatt -yo tenía miedo a esta etapa que empieza después de los sesenta años. Ahora, que más o menos estoy instalado en ella me doy cuenta que se me ha simplificado la vida, y la mayor de las cosas que antes me preocupaban, ahora creo que son boludeces, pero quedó lo esencial: el amor, los hijos, la justicia social, la solidaridad -y también el dulce de leche y la crema chantilly...-
Esta edad no está tan mal, el tema de la muerte siempre angustia, pero yo creía que iba a ser peor. Es una tontería hacerse el pendejo, fijense si tuviera que ir al gimnasio, sería todo un laburo y no podría gozar de esto de hacerme el filósofo. Cuando cumplí sesenta años hice una fiesta en la escuela. Y dije: tengo dos caminos, o me convierto en un viejo sabio, o en un viejo pelotudo. Lo último me pareció aburrido. Cuando no asumís la edad, no gozás ni la una ni la otra.
El temor a la vejez hace que la ocultemos, que sea considerada como algo indigno, a ocultar en un geriatrico porque ya no servimos más.
Acá en la Argentina tenemos la cultura de Mirtha Legrand, pobre Mirta, para conservar la juventud debe usar una máscara de cirugía y no está gozando de esa edad.
Cuando estuve en EE.UU. había una actriz que había sido muy famosa Bette Davis, que ya estaba muy viejita y tenía el rostro con las arrugas del tiempo. Era conductora y tenía un programa muy respetado, en el que podía decir cosas sabias, porque estaba cómoda en esa edad, era creíble.
También en Italia, estando en una plaza de Roma, pude ver que estaban todos los viejitos -los respetados nonos- jugando a las cartas y tomando Cinzano con gran dignidad y la gente iba a preguntarles cosas. El que vio la película hasta el final sabe perfectamente cómo es, y puede avisarle a los otros cómo viene la mano de la vida.
Pero en Argentina, cuando llegás a esta etapa, te meten en un geriátrico y no aprovechan la historia, que es necesaria para construir el futuro.
En el Amazonas no hay jubilación de viejos. Yo fui hace muchos años de aventurero, con mochila y bolsa de dormir, y ahí estaban los viejitos de la tribu mirando el río Xingú que desemboca en el Amazonas. Y pensé: ahí está la Biblioteca Nacional... uno sabía de partos, otro de canoas, otro de plantas medicinales, a ellos los cuidaban mucho, porque eran los transmisores de la sabiduría, no había transmisión escrita -se moría el de las canoas y tenían que cruzar nadando-. Tenían una dignidad como los que vi en la India. Allí, en el proceso de vida, se respetan todas las etapas.
En estos países de la cultura occidental, tecnológica, donde lo que no es nuevo hay que tirarlo, lo mismo se hace con los seres humanos, y eso es una tontería. En la cultura norteamericana todos tienen que ser jóvenes y lindos.
... En nuestro país la vejez está desvalorizada, los viejos son marginados, el cambio social fue tan brusco que su experiencia habla de una Argentina que perdimos, si terminan en el geriátrico, los tratan como chicos, los retan y los humillan, se deprimen y aparecen todas las enfermedades que tienen que ver con las bajas defensas.
En cambio, en las sociedades más sanas, ésta es una época muy rica, porque es la de la reflexión, que es parecida al juego y la creatividad, pero ya después de haber visto la película entera y haberla entendido. Es como el que viajo mucho y ahora puede ver el panorama del viaje.
..Los humanos somos todos de la tribu de los Uterumbas, porque vamos del útero a la tumba.
Se puede estar en cualquier edad, incluso setenta, ochenta años, y el que tiene un proyecto se aleja de la muerte. Eso lo vi en Pichon anciano, él decía: la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos, el tema es la construcción de la esperanza. ¿Cómo la podés construir? si esa historia tiene sentido y se arroja hacia adelante como esperanza. Padres que no le tienen miedo a la muerte hacen hijos que no le tienen miedo a la vida.

Extractado de Terapia de Crisis, La emergencia psicológica.
Alfredo Moffatt.

sábado, 25 de abril de 2009

Articulo aparecido en Pagina 12, Buenos Aires, Argentina

La familia atada
Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona
UNO El otro día vi por la televisión a un abuelo desesperado. ¿Alguna vez han visto a un abuelo desesperado? Es algo terrible de ver. Es como ver a un padre desesperado... pero peor. El hombre miraba a cámara y con la más seria de las sonrisas que uno pueda imaginar (imagínenla ustedes; porque yo la vi y todavía me estoy reponiendo de semejante visión) decía algo así: “Sólo quiero que cualquier día de éstos me atropelle un auto y quedar en coma. Por dos o tres meses. Y después de ese tiempo recuperar la conciencia sin consecuencias graves. Volver a ser el que era, llevar el mismo tipo de vida. Pero de verdad: les juro que necesito descansar un tiempo. Ya no aguanto más esto de tener a los nietos todos los días en casa, desde la mañana a la noche y otra vez a la mañana y...”. Y el abuelo desesperado, en serio, seguía sonriendo. El abuelo desesperado –quien todos los días se desayuna con alguna nueva noticia sobre el aumento de expectativa de vida para los ancianos– sólo quería poder descansar en paz sin tener que llegar al extremo de morirse.
DOS Pero parece que no se puede. Adiós a esos crepúsculos lentos y dulces y a esas propagandas donde se mostraba a parejas de modelos canosos y esbeltos caminando junto a una playa o corriendo por los prados, redescubriendo el amor de volver a vivir y disfrutar del júbilo de la jubilación como premio al deber cumplido. Y en España –y supongo que en el mundo– no deja de hablarse del tema entre susurros vencidos y alaridos derrotados. “El síndrome del nido lleno”, titulaba una doble página de La Vanguardia hace unas semanas. Y allí se mencionaba un estudio con título en versito, “La generación de la transición: entre el trabajo y la jubilación”, que determinaba que un 69 por ciento de los padres españoles de entre 60 y 70 años tiene contacto diario con sus hijos independizados –el doble de la media europea–, el 40 por ciento todavía tiene a algún hijo viviendo con ellos y un 48,3 con hijos todavía no emancipados (léase: “Papi, mami... Les dejo a los chicos para que les den de comer y los bañen, pero antes de todo eso no vayan a olvidarse de pasar a buscarlos a la salida del colegio y aquí sobre la mesa les dejé el frasco de píldoras para la memoria”). Para aquellos que les gusta tanto coleccionar porcentajes, aquí van algunos más, explicando en detalle las actividades de casi la mitad de los entrevistados para el estudio en cuestión: el 30 por ciento ayuda a sus hijos cuidando a los nietos en el domicilio propio, un 13 en el de los hijos, un 28 los lleva o los recoge del colegio, un 17 les sirve el desayuno y un 14 se encarga de la cena. Y la cosa se complica más cuando se revela que el 13 por ciento de los padres mayores de 65 años tienen, todavía, a alguno de sus progenitores aún vivo y requiriendo de cuidados y atenciones varias. Esto ubica a España en un poco honroso primer puesto europeo a la hora de seguir –no es lo mismo la familia unida que la familia atada o constantemente reunida– aquel lema dominguero que aullaba Carmelo Campanelli una vez alcanzada la breve tregua de los ravioles: “Lo primero es la familia”. Y lo segundo y lo tercero y lo cuarto también.
TRES Así, la familia ya no es lo que era. O mejor: su curso se ha visto alterado en los últimos tiempos. Así, la familia como entidad golpeada por el estallido radiactivo de algún accidente de laboratorio. La familia que se alza entre las ruinas como una criatura mutante que ya no es y nunca volverá a ser lo que era. La familia como algo con demasiados cuerpos y cabezas y todos juntos en unos pocos metros cuadrados, como en aquel cuento de Ballard, a quien tanto extrañaremos su mirada extraña y cada vez más normal en este mundo cada vez más ballardiano. El testimonio del abuelo antes mencionado es, apenas, la punta de un iceberg contra el que chocan y naufragan todas las expectativas. Es decir: los que por fin, no hace mucho, se habían ido en busca de grandes aventuras vuelven vencidos a la casita de los viejos; los que se habían ido hace tiempo resulta que ahora se separan. Otros, más cautos, deciden pensárselo un poco: la cosa no está como para andar dividiéndose. Imposible financiarse una nueva casa y seguir pagando la anterior. Y está el tema de los chicos, de traerlos y llevarlos de un lado para otro. Así es como ha ido descendiendo el índice de divorcios por estos lados. Por primera vez en diez años. O tal vez la cosa tenga que ver con el hecho de que muchos flamantes separados –habiéndose independizado cerca de las cuatro décadas de edad– ya no tienen padres que puedan cuidarles los hijos o casitas de los viejos a los que retornar. O, quizás, los viejos padres –sabiendo que en cualquier momento mutarían a abuelos full time y todoterreno– se apuntaron al programa de protección de testigos del FBI y cambiaron nombre y domicilio y rostro para ya nunca ser encontrados por sus vástagos y por los vástagos de sus vástagos.
CUATRO Y hasta hace poco –en tiempos de bonanza de espejismo pero de bonanza al fin– las estadísticas decían que la edad promedio en la que un hijo español dejaba la casa de los padres españoles era la de unos 36 años, verano más o verano menos. Parece que los quieren mucho o que están cómodos. El 51 por ciento de los hombres y el 50 de las mujeres con ingresos suficientes como para vivir solos deciden quedarse un ratito más junto a papi y mami. De este modo –explican sociólogos y psicólogos– la infancia se acorta (la media debuta sexualmente a los 16 años y 10 meses) pero la adolescencia se alarga. Mucho. Así, la edad del pavo se convierte en la edad del pavo irreal. Así, hasta hace poco uno salía a conocer mundo a eso de los 36 años promedio porque no se podía comprar piso propio (¿qué es esa vulgaridad de andar alquilando por ahí cuando se puede ser copropietario de la vivienda paterna?) y ahora, en tiempos de crisis, la cosa se ha complicado todavía un poquitito más y aquellos educados por una sociedad consumista para el consumo se descubren súbitamente consumidos. La contracción de créditos bancarios ha generado lo que ya comienza a conocerse como Generación Cero. Y si antes se quejaban los Mileuristas, los Chicos y Chicas Cero –los más preparados y con más estudios de la historia ibérica– darían cualquier cosa por tener trabajo. España es también –con el 31 por ciento y sumando– líder europeo en desempleo juvenil. De ahí que haya tanto tiempo libre y pocas actividades gratuitas. De ahí que, seguro, los padres les recuerden todo el tiempo a sus ya casi marchitos retoños que se tomen la píldora, que no vayan a salir sin profilácticos, que mejor se hagan una vasectomía o se aten las trompas o lo que sea. No vaya a ser que cualquier noche de éstas sus hijos les consigan trabajo de abuelos.
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viernes, 24 de abril de 2009

Dr. Ramón Carrillo, precursor de la Gerontología


En 1906 nace, en Santiago del Estero, Ramón Carrillo, tan solo diez años más tarde escribe Glosa a los servidores humildes, esto da cuenta de una sensibilidad y una mirada desde tan temprano que extiende a los mayores, que llama la atención e impulsa a conocer, a investigar, acerca del modelo de envejecimiento con el que se identificaba, que habla incluso del contexto de su tierra natal y de esa preocupación que ya de tan joven lo motiva a hacer una aclaración entre paréntesis que abogue por un amparo a la vejez.
De esta manera, en un ambiente en que los derechos de asistencia social y médica para un sector específico ni se nombraban, Carrillo puntualiza una demanda y se hace eco con un sentido profundamente humanista que sostendrá a lo largo de toda su vida.
Sienta además las bases de previsión social, por las que será reconocido.
En 1929 con su flamente título de doctor se especializará en neurocirugía, estudiante ejemplar de dieciocho horas diarias, recibe como premio la medalla de oro por ser el mejor promedio de su promoción.
Viaja a Europa, asiste a Congresos, es nombrado en el exterior por sus investigaciones, escribe, publica, hasta que lo encontramos en 1946 desempeñándose como titular de la Secretaría Pública de la Nación.
El Dr. Germán Rodríguez lo califica como el mejor sanitarista que ha dado la Argentina.
Pionero en reemplazar las historias clínicas por historias sociales, de una medicina que propone desde sus fundamentos ver al sujeto en situación, ensanchar la mirada, visualizar al hombre no sólo desde la biología sino desde una perspectiva biopsicosocial, afirmando de esta manera que un hombre es mucho más que su biología.
Esta comprensión del ser humano, del contexto del que emerge, del orden socio-histórico que lo determina, lo fragmenta, lo sujeta a la crisis y lo enferma, le permite elaborar un Plan Analítico de Salud, un plan integral que entre tantos caminos propone en 1947 la fabricación de penicilina en el país y sobre todo a muy bajo costo.
Esta misma carrera puesta al servicio del pueblo, hace que diseñe los centros materno infantiles que redundarán en un marcado descenso de la mortalidad infantil.
Sería imposible dejar constancia del legado de este gran hombre, un libro El Olvidado de Belem de Daniel Chiarenza, refleja su vida y su obra surcada por una pasión obsesiva por la salud de la gente.
Por último, hacemos mención porque se lo ha considerado un precursor de la Gerontología, con el agregado de poseer irrefutables conocimientos sobre envejecimiento celular.
Textualmente manifiesta Carrillo:
La lucha contra la vejez es una lucha contra las enfermedades sobrecargadas al mero hecho de vivir. En el fondo es una lucha contra el tiempo. Se trata de que las enfermedades no lleguen antes de la hora o, de ser posible, que no lleguen nunca y que la vida dure lo que la biología preceptúa que debe durar.
Para Carrillo la vida humana es más larga de lo que se cree, si está limitada es por la incidencia de factores intrínsecos y extrínsecos producto de la convulsión que implica para la vida humana el desarrollo de la civilización moderna.

sábado, 11 de abril de 2009

Actuación Importante


Está anunciado para el sábado 2 de mayo la actuación de una cantante en el escenario del Luna Park.
No es una estrella del rock, aunque si ella cantara rock, lo vestiría de fiesta.
Tengo muy buen oído para la música, y les puedo asegurar que esa actuación será un lujo. No es una cantante extranjera, es nuestra.
La fuerza de su expresión, la suavidad de su lento trémolo que aparece, como debe ser, al final de las notas largas, su afinación, certifican que tiene estilo y experiencia.

Se habrán dado cuenta de que me gusta su canto, que es toda una profesional actual.

Ustedes pensarán que hay varias cantantes que pueden encajar en esta descripción.

Pero ninguna, como ésta, tiene una edad de 98 (noventa y ocho) años. Estoy hablando de Nelly Omar.

Y va a cantar en el Luna Park.


Leo Rambaut.