lunes, 13 de julio de 2015



Existen diversas lógicas para pensar la realidad, desde una óptica dominante se sostiene un discurso único y biologizante acerca del envejecer, entendido como fundamento tecno-científico de su definición. Es nuestro deseo no ignorar los procesos biopsicosociales que dan cuenta de la complejidad de esta etapa existencial.
Invitamos a pensar un sujeto envejeciente desde la potencia, alejado del reduccionismo que intenta someterlo a leyes o principios ineluctables. 



domingo, 1 de junio de 2014

lunes, 5 de mayo de 2014

El goce de lo errático

Ciertos legados, ciertas personas, especialmente dotados de una riqueza que dejan marca, nos dan la posibilidad de pensar y sentir la diferencia entre el tiempo y la temporalidad.
Algunos seres se caracterizan por sostener un pensamiento que no se paraliza con la lucidez ni se enmudece con respecto a pensarse en su extrema posibilidad; un pensamiento que trabaja afanosamente sobre lo latente hasta incluso adelantarse por los sinuosos caminos del misterio, de las razones científicas más absolutas, o de la fe, cuestiones todas con las que advenimos,como este cuerpo y este ropaje que nos da la vida.
Rebeldes a las marcas del malestar de la cultura que posicionan al sujeto en un lugar más amenazado que deseante, provocan rebeliones conjeturales que imprimen una nueva faz a ese saber inamovible, sacralizado por el sujeto, por su familia o la sociedad en que vive.
Estos seres es cierto que emergen de un contexto, son portavoces que han rozado la perplejidad, quizás por determinadas razones internas o acontecimientos externos hayan buceado hasta lo más profundo, pero es justamente esa superación del caos, lo que ha producido esta novedosa conjunción de ese ser con el mundo.
Y ese pensarse como un no estar en el mundo,paradójicamente, ha cristalizado esa perplejidad, ha facilitado la discriminación, el avance a un nuevo conocimiento, o estructura, bastión de una nueva tarea y faro que previene contra las tempestades, o advierte lo que subyace.
El vivir entonces se convierte en la apuesta a un desafío constante, donde a éste no le queda otra cosa que esto: vivir.
Y estas conjeturas - juntar ideas para arrojarlas en montón, en dirección más bien errática-, conllevan el sentido de realizar esta diferenciación entre el tiempo vivido como algo cronológico de relojes y fechas, de bolsillo o como este otro, que es más parecido a nuestro inconsciente,intemporal, casi como el tiempo cósmico.
Modalidad especial de vivenciar que comienza en los seres que se implican con la vida, con los otros seres y el mundo, donde existen ciertos saberes mas o menos con carácter de absoluto que se van adquiriendo por el camino de las teorías, de las prácticas, pero en el que aparece siempre el cuidarse de cierta comodidad que pueda conllevar la amenaza de un presente y un futuro demasiado estacionario.
Ese alejarse del equilibrio, transitado por una incesante actividad asociada a proyectos, a indagar por caminos que son realmente rebeldes, libertarios, revelados, es lo que les permite la realización y la invención de nuevos sueños.
Hijos cercanos, predilectos de una creatividad imperiosa, rabiosa, casi de genes obsesivos.

Pichón decía: Larga es la vida como largo es el proyecto, aquí hace referencia a otra dimensión que no está ceñida al tiempo cronometrado, tal vez debido a que se haya formulado que el tiempo era El.Que haya pensado el Dasein, el Ser y el Tiempo, y se haya respondido no acerca de qué era el tiempo, sino quién era.
Francoise Dolto por su parte decía: 
uno se muere cuando ha terminado de vivir.La carta de los derechos del niño no estaba aún terminada cuando la sorprendió la muerte, tenía 80 años.
Fernando Ulloa, tenía la certeza de que la muerte al ser humano debía atraparlo vivo;
Cómo morir felices
es la pregunta que como contrapunto, formula Albert Camus, en un contexto donde se delimita, en su novela la noción del bien vivir -en el sentido de una calidad de vida-
No quería morir como un enfermo... no quería que la enfermedad fuese lo que suele ser, una atenuación y una especie de transición hacia la muerte. Lo que quería, todavía inconscientemente, era el encuentro de su vida, rebosante de sangre y salud, con la muerte. Y no la simultaneidad de la muerte con lo que ya estaba casi muerto... Esa muerte que él había mirado con el enloquecimiento de un animal; comprendía que tener miedo significaba tener miedo de la vida. El miedo a morir justificaba un apego sin límites a lo que está vivo en el hombre
.
Además, Ulloa, pensaba en un tiempo que corría y daba saltos y era a su vez recorrido por el pensamiento; Un salto mismo en el vacío que configuraba una metáfora y abría el nivel de lo psíquico.
También los griegos pensaban que el tiempo es aquello en lo que se producen acontecimientos.
La vejez no tiene nada que ver con la edad cronológica. Es un estado de espíritu, no estacionario, en constante movilidad y cambio. Es verdad que la mayoría quisiera dejar para después, para lo más tarde posible, la renuncia a lo que fuimos. No decimos, para dentro de 10 años, decimos lo más tarde posible, tiempo no mensurable.
Un anciano jamás se siente un anciano comprendo por otros lo que implica la vejez en aquel que la mira desde afuera, pero yo no siento mi vejez
, Sartre, también nos remite a Lacan, el problema del deseo es algo que el hombre tiene que situar, encontrar, a lo largo de toda su vida, y con gran frecuencia a sus expensas.


domingo, 13 de abril de 2014


domingo, 7 de octubre de 2012

EL SÍNDROME DEL ABUELO ESCLAVO

Ante la sobrecarga de responsabilidades, es aconsejable buscar ayuda. Los abuelos que crían a sus nietos dan generosamente su amor, tiempo y recursos. Pero el estrés y las demandas de tomar el papel de padres pueden afectar su salud física y mental. Por Laura Vázquez En EEUU, más de 6 millones de niños son criados en hogares encabezados por abuelos, y 2,5 millones viven con ellos sin la presencia de los padres. Y aunque criar a un nieto da muchas satisfacciones, si no se ponen límites se corre el riesgo de caer en el síndrome del “abuelo esclavo”. En una sociedad cada vez más individualista, una de las cosas buenas es que los abuelos y las abuelas que crían a sus nietos han recuperado un cierto protagonismo en el seno familiar. “Esto es saludable para los niños, porque les permite aprender el concepto de evolución y continuidad de la familia. Al mismo tiempo, mejora su afectividad y sus conocimientos sobre su procedencia”, explica la psicóloga española María Elena Álvarez, fundadora de talleres especiales para la tercera edad. Por otro lado, agrega la especialista, “ante esta situación, los abuelos comparten responsabilidades de su entorno más cercano, evitando quedar segregados por falta de actividad”. Lamentablemente, no todo es color de rosa. En muchas ocasiones los abuelos tienen que encargarse de estos niños porque los padres no están presentes por abandono, embarazos no deseados o divorcio. Según las estadísticas, en EEUU 2,4 millones de abuelos reportan que son los responsables de los nietos que viven con ellos, el 17% son de familias hispanas. Y un dato sobresaliente: del total de abuelos encargados permanentemente de la crianza de sus nietos, el 19% vive en la pobreza. Esta sobrecarga de responsabilidad ayuda a que se presente el síndrome del “abuelo esclavo”. “El estrés y las demandas de criar a un nieto parecen afectar tanto la salud mental como la física. De hecho, la incidencia de depresión, diabetes, alta presión sanguínea e insomnio es mayor entre los abuelos que cuidan a sus nietos”, señala la Dra. Prado. “Tomar el papel de padres a una edad más avanzada agrega tensión y trastorna significativamente los planes de vida del tutor”. Los abuelos que crían a sus nietos dan generosamente su amor, tiempo y recursos. Ayudan a mantener intactas a las familias y se convierten en una fuerza estabilizadora para los niños, cuyas vidas están a menudo llenas de dudas. Por eso es aconsejable que ellos también busquen ayuda. Fuente: Tiempos del mundo – Ago /2006

sábado, 14 de abril de 2012

El Riesgo de Vivir y el Fondo Monetario



Pierre Bourdieu señalaba que “ la esencia del neoliberalismo es un programa de destrucción de las estructuras colectivas cuando éstas pueden convertirse en un obstáculo para el avance de la lógica del mercado puro”.
Que vivir puede sentirse como una turbulencia, como un caos que requiere de cierta estabilidad mental, física, social, hace mucho tiempo que lo sabemos, sobre todo cuando de vivir se trata y no de durar, pero lo que resulta llamativo es  el afán de determinados organismos internacionales en la puntuación que hacen de esta secuencia de hechos y acontecimientos llamada vida.
Cierta palabra que aparece como del orden de una sentencia "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado es un tema que exige más atención y que ha sido subestimado". Debido a esto el FMI llama a elevar la edad de la jubilación, más otra serie de medidas “humanitarias” para contrarrestar los costos que sobrevendrían producto del envejecimiento mundial.Nos preguntamos ¿cuáles costos? Si bien la esperanza de vida se ha incrementado, por lo que hay cada vez más adultas y adultos mayores que viven de su jubilación, sería oportuno remarcar que, en la mayoría de los casos, es miserable. Pero, en síntesis: Las recetas del Fondo nunca varían en los ingredientes: siempre menos vida.
La estabilidad financiera global nos enteramos que está en riesgo… y una de las causas principales pareciera que es esta costumbre de la gente de seguir viviendo. “Si el promedio de vida aumentara para 2050 tres años más de lo previsto hoy, los costos de envejecimiento crecerían un 50% en las economías desarrolladas, advierte el documento, que analiza los riesgos financieros relacionados con el aumento de la esperanza de vida global. Ese aumento se reduce al 25% en las economías emergentes”.
 Demás está expresar que estas cifras ocultan que la esperanza de vida varía en distinta forma en función de las desigualdades sociales, de la estratificación social, y también por la calidad de vida.
Sin embargo, advierten que estas medidas deberán tomarse con excesiva urgencia, porque está en riesgo la estabilidad financiera -debido a esta voluntad exacerbada de vivir más de lo debido-. Y esto habría que achacárselo también a la ciencia, o, ¿acaso podemos negar de que hay un orden social previo capaz de determinar la vida?. Pero la cuestión aquí es simplificar lo complejo: hablamos de un sector de adultos mayores, a los que no les será indoloro este pasaje, o mejor dicho esta continuidad, esta prolongación no querida o deseada, como otras tantas cosas.

 A no tener entonces, angustia existencial, están los que siempre quieren pensar por todos, quizás la medida apunta a que los adultos mayores no sientan desvalimiento alguno, ni se angustien por pormenores de índole cualquiera, para qué el tiempo libre, el ocio, la planificación o no de los años venideros, otra lógica impera, a trabajar entonces… además parece que ya todos los jóvenes tienen capacidad plena, y condiciones dignas de trabajo, de ahí la importancia de llamar a los viejos.
Casi como si se impartiera  cierta instrucción paradójica porque la cuestión se trata de prolongar la vida laboral de los viejos hasta la muerte o tal vez, de última, morirse a tiempo.
Aunque siempre sea una codicia de proporciones inimaginables hablar de la vida, de la muerte en términos estadísticos, casi  una osadía de la razón, que estos señores del fondo, han olvidado.

domingo, 11 de diciembre de 2011


Envejecer
Envejecer es natural, como nacer, crecer, reproducirse y morir. No hay nada raro en ello. Se trata de una serie de eventos inexorables, predecibles, comunes, que desde el punto de vista bioquímico podrían resumirse simplemente en la pérdida progresiva del agua; claro, al fin y al cabo, en un recién nacido más del ochenta por ciento de su peso es agua, mientras en un adulto la proporción baja al sesenta por ciento. Trasformaciones que se traducen en cambios evidentes: las canas, la calvicie y las arrugas, el efecto de gravedad sobre las proporciones corporales, aparece la presbicia, de modo que hay que alejar los escritos para poder leerlos, el oído ya no tiene el rendimiento de otras épocas, hasta los dientes cambian y las encías se retraen, el insomnio se vuelve habitual, la capacidad física y la resistencia al licor y el trasnocho disminuyen, se hace frecuente que los alimentos den gas e indigestión.

Pero también hay otras modificaciones que no son obvias. Indicando que el ser humano no está diseñado para vivir tanto, en las articulaciones aparece la artrosis, en los huesos la osteoporosis, mientras en el sistema cardiovascular, la arteriosclerosis, y aumenta la frecuencia de la hipertensión arterial, hasta el punto de considerarla otro cambio degenerativo, puesto que después de los setenta al menos tres de cada cuatro personas usan antihipertensivos. Además cambia el sistema inmunológico, se ha vivido lo suficiente como para que gran variedad de cánceres tengan la oportunidad de manifestarse, la próstata crece interfiriendo el dulce placer de orinar y aparecen las enfermedades metabólicas, como la gota y la diabetes, el colesterol se eleva. Así que el envejecimiento supone tratamientos variados, cirugías, partos y la menopausia, otras huellas que deja la vida en el cuerpo. ¡En fin, ya nada es como antes, nada, absolutamente nada es lo que solía ser!

La expectativa de vida en promedio estaba alrededor de treinta años antes del descubrimiento de la penicilina, en 1941, así como de las vacunas, de la construcción de acueductos y alcantarillados modernos, y de otras medidas de salud pública que ayudaron a disminuir la incidencia de infecciones, para tomar un solo caso. Y con el progreso de las diversas áreas de la prevención, el promedio de la expectativa de vida llegó alrededor de los ochenta, hasta el punto que ya no es raro saber de personas que superan los cien.

En 1956 apareció el libro de Hans Seyle. Un volumen con vocación de autosuperación, a donde, si mi memoria no falla, él introdujo al lenguaje común la palabra ‘estrés’. Se trataba un vienés que en 1945 inmigró al Canadá, luego de estudiar en París y Roma, y de haber sido médico en el ejército aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Desarrolló la idea de que la vida era adaptarse a las circunstancias cambiantes del ambiente, a través de la acción de hormonas y el sistema nervioso central, de manera que el quid del asunto estaba en la flexibilidad para lograrlo, mientras la enfermedad y la muerte se presentaban cuando el sistema se agotaba, al hacerse rígido, indiferente a los cambios del entorno. Su planteamiento era un símil maquinal proveniente de la metalurgia, donde los metales tienen límite por fatiga del material, como el fuselaje de un avión, por ejemplo.

Sin embargo, por esa misma época Watson y Crick descubrieron la doble hélice del ADN y durante la segunda mitad del siglo XX se conocieron detalles sobre el funcionamiento de los genes. Si bien las circunstancias de cada uno intervienen en cómo se expresan, en este caso en cómo se envejece, verbigracia, lo más saludable es una dieta mediterránea, variada, aun cuando moderada: rica en fibra, con pescados, pollo, carnes de todo tipo, incluso de res, un poco de vino y de vez en cuando algo de ejercicio, media hora cada día, por supuesto sin fumar. De modo que los genes son una potencialidad tanto en la salud como en la enfermedad. Pero su posibilidades de expresarse son limitadas. Están dotados de mecanismos de regulación que los lleva a corregir errores de transcripción, y controlan el número de veces que se transcriben. En el hombre, como en cualquier otro mamífero, la reproducción de las células tiene límite, tiene final. Solo las células del cáncer son inmortales. Así que la senilidad de las células cumple una función biológica: beneficia a la vida manteniendo el orden, el funcionamiento y el equilibrio de los tejidos, entonces la muerte celular es el precio que se paga por la complejidad del cuerpo. Los genes no son rígidos ni perennes, cambiaron la vida eterna por una estructura flexible que perdura pasando a la siguiente generación. Desde el punto de vista biológico, lo primordial es la supervivencia de la especie, no la del individuo.

Así que, con los años, es común encontrarse a los viejos amigos de la familia que al saludarlo le digan, como si fuera buena noticia, como si le estuvieran echando una flor, que cada día se parece más a su papá, o a su mamá, según sea el caso. Además se empieza a tener noticias sobre la enfermedad y la muerte de conocidos, amigos y parientes.Tal vez lo más exigente del envejecimiento sea hacer consciencia de ello, la percepción de los cambios corporales; el sufrimiento, la angustia y la necesidad de superar los duelos que implica la pérdida de la juventud, al igual que los ajustes en la vida familiar y el desempeño laboral. 

No solo se trata de envejecer y morir en las mejores condiciones físicas. En la ancianidad el suicidio es común, la depresión y la desesperanza es frecuente. Claro que también se acompaña de olvidos, y hasta de demencia senil en algunos casos, tal vez otro mecanismo de defensa, otra medida para sobrellevar la senectud, el premio por una vida ordenada y llena de cuidados. De manera que la pérdida de la memoria también podría ser protectora.

En todo caso, la salud mental es crítica para enfrentar los desafíos de esta etapa, por ello la ancianidad también puede ir de la mano con la sabiduría y la habilidad de disfrutar de las cosas elementales, mientras duren.

Texto publicado en su blog por Santiago Barrios.